La señora llegó a la esquina agotada. Estaba sudorosa,
cansada, pero eso sí, bastante orgullosa. Llevaba en las manos las bolsas
plásticas con el saldo diario de su esfuerzo de horas. La franela roja, a lo Warhol, pero con los ojitos de Hugo Chávez
sobre el pecho, la delataba. Allí, en ese cruce, mientras el estado Lara
temblaba con la emoción de la Divina Pastora, la mujer le expresó a una amiga,
tan colorada como ella, los niveles en los que vibraba su alma.
-Vengo de hacer la cola de la dignidad- confió orgullosa en
esa intersección de caminos.
-Y de derrotar a la guerra económica- acotó la otra, no
menos orgullosa.
Seis horas. Siete. Ocho. Más. Horas infinitas que se
acumulan para lograr comprar algo. Aunque tengas los medios para hacerlo debes
esperar, debes formarte en la fila, y aguardar la ración: Máximo seis litros de
leche por persona, no más de dos paquetes de harina precocida de maíz para cada uno, …
En pleno siglo XXI, Venezuela.
