miércoles, 5 de febrero de 2014

La cola de la dignidad

La señora llegó a la esquina agotada. Estaba sudorosa, cansada, pero eso sí, bastante orgullosa. Llevaba en las manos las bolsas plásticas con el saldo diario de su esfuerzo de horas. La franela roja, a lo Warhol, pero con los ojitos de Hugo Chávez sobre el pecho, la delataba. Allí, en ese cruce, mientras el estado Lara temblaba con la emoción de la Divina Pastora, la mujer le expresó a una amiga, tan colorada como ella, los niveles en los que vibraba su alma.
  -Vengo de hacer la cola de la dignidad- confió orgullosa en esa intersección de caminos.
  -Y de derrotar a la guerra económica- acotó la otra, no menos orgullosa.
  Seis horas. Siete. Ocho. Más. Horas infinitas que se acumulan para lograr comprar algo. Aunque tengas los medios para hacerlo debes esperar, debes formarte en la fila, y aguardar la ración: Máximo seis litros de leche por persona, no más de dos paquetes de harina precocida de maíz   para cada uno, …

En pleno siglo XXI, Venezuela.