No hemos tenido lluvias incontrolables por 40 días y 40 noches, o sequías de años, ni terremotos de alta intensidad,…
Gracias a Dios no hemos sufrido en los últimos años de ninguna de esas desgracias que llegan de la nada y que signan el destino de cualquier país.
Desde los tiempos de Hugo Chávez se precisaba de un enemigo (la naturaleza, el sol, el mal de ojo,…) al cual endilgarle las fallas del esquema de Gobierno para desviar la atención de las fallas o para darle tiempo al modelo para que finalmente arrancara.
Con el intento de golpe, el paro y demás disparates de una oposición al Gobierno irracional ante el país y totalmente inconsciente de que efectivamente se había producido un cambio nacional (malo o bueno, pero un cambio) gracias a esa gestión gubernamental, esas excusas abundaron por años.
Nicolás Maduro, heredero de la gestión de Chávez para bien o para mal, intenta hablar de una guerra económica en su contra, de una mafia amarilla que todo lo corrompe, y cosas así, a fin de continuar con la zaga.
No obstante, su discurso dista mucho del que usó Chávez y es poca su capacidad gatuna para ocultar bajo la tierra cuanto haga falta a fin de que no se hagan obvias las propias miserias.
Lo importante es entender y expresarle al otro que si hoy en día estamos como estamos es por una decisión consciente, tomada por quienes por tres lustros ejercen el poder y han querido que así pasen las cosas.
Habrá quien piense que este argumento es un detalle más, otra idea al aire, alguna publicidad que se suma a las que se oponen al Gobierno, yo creo que se trata del punto base sobre el cual construir la diferencia.
Hoy estamos con escasez y con inflación por decisión propia del Gobierno, que modificó leyes a su talla e hizo cuanto requirió para costear su modelo político, sus campañas, y permitir lo que vivimos.
Se estatizaron empresas productivas para hacerlas improductivas, se concentró el poder de todo en manos del Estado para que nada fluya sin su control, se decidió que solamente la mitad de los dólares que se obtienen por la venta del petróleo en el exterior va al Banco Central de Venezuela y que el resto pasa a fondos manejados directamente por Miraflores sin control alguno.
No se trata de una guerra económica, no. De hecho, en mayo pasado el Gobierno se sentó con los empresarios de este país y tuvo que admitir ante ellos que no hay importaciones oportunas porque las divisas (que maneja el Estado y que están sujetas a un control cambiario) fluyen con lentitud, porque los trámites para importar (certificados y demás trámites burocráticos que cumplen las empresas ante el Estado) se hacen a veces mal y otras veces peor. Además reconoció que si hay escasez es porque poco se produce en el país.
Vale decir que, por política de Gobierno, en estos últimos quince años se han estatizado empresas y tierras, que hoy dependen exclusivamente de la gerencia del Gobierno en sus operaciones, y que de ese mismo Gobierno depende la asignación de las divisas para que las manufactureras que siguen activas reciban del exterior la materia prima que requieren para trabajar, así como la materia prima nacional, que es proveniente en buena medida de lo que produce el Estado.
Que la capacidad de compra inmediata de TODA Venezuela en el exterior se limite a 1.800 millones de dólares es decisión del Gobierno. Que el resto de las reservas internacionales estén en barras de oro, depreciadas o sobrevaluadas día a día por circunstancias del mercado, es decisión del Gobierno.
Que las divisas para importar insumos para producir se asignen como limosna (la experiencia del Sicad es más que elocuente) es decisión del Gobierno.
Estamos hoy al borde del abismo, sin producción, con inflación, sin divisas para atender la economía… por decisión del Gobierno.
En conclusión estamos así por decisión propia, la decisión de quienes creen que así deben ser las cosas.
